La Withania somnifera —conocida en la medicina ayurvédica como ashwagandha— se ha utilizado durante más de 3.000 años como adaptógeno: una clase de plantas que ayudan al cuerpo a regular su respuesta al estrés biológico. Durante la mayor parte de esa historia, sus mecanismos se entendieron empíricamente, a través de los efectos observados a lo largo de las generaciones.
En las dos últimas décadas, la investigación clínica ha empezado a explicar la farmacología subyacente. Los principales compuestos activos de la ashwagandha, los withanólidos, parecen modular el eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal (HPA), el sistema que rige la producción y liberación de cortisol.
La forma más rigurosamente estudiada, un extracto estandarizado de raíz conocido como KSM-66®, ha sido objeto de múltiples ensayos aleatorios, doble ciego y controlados con placebo, el patrón de oro de la evidencia clínica. Los resultados han sido consistentes.